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La Tomatina de Buñol – la batalla de tomates conocida por todo el mundo

Cada año, el último miércoles del mes de agosto, el pueblo de Buñol se vuelve loco: los habitantes de este pequeño pueblo en la Comunidad Valenciana celebran la Tomatina y tiran tomates maduros y aplastados unos a otros. De dónde viene esta tradición extraordinaria, no se sabe exactamente. Probablemente tiene su origen en una acción espontánea que después se ha mantenido como tradición. La gente viene de todo el mundo a Buñol para participar en la Tomatina, como también los estudiantes de Costa de Valencia.

Salimos de Valencia temprano por la mañana en autobús. Después de un trayecto de menos de 45 minutos llegamos a Buñol. Aunque eran las 8 de la mañana, la fiesta ya estaba en marcha. La gente estaba en la calle, charlando, tomando unas cervezas y bailando con la música. Nosotros también empezamos este día especial con fiesta: almorzamos un bocadillo con salsa de tomate y salchicha y tomamos sangría y cerveza – el almuerzo típico de la Tomatina. Comimos y charlamos acompañados por música. Luego fuimos juntos al centro para conocer el lugar en donde nos íbamos a reencontrar después de la batalla de tomates.

Entramos juntos a la zona de la Tomatina, o sea, las calles por donde se iba a realizar la batalla de tomates, y nos sumergimos en la muchedumbre. Aunque todavía no volaban los tomates, el espectáculo ya estaba en marcha. A las 11 sonó el aviso que indicaba que la Batalla de tomates podía empezar. Seis camiones pasaron uno por uno por las calles llenas de gente, distribuyendo tomates y tirándolos encima de la gente. Cuando el primer camión había pasado, la batalla de tomates entre los visitantes empezó y los tomates volaron por el aire. Nos tiramos tomates aplastados unos a otros. Algunos llevaban gafas de natación o buceo, pero eso no les ayudó mucho. Al rato, todos estábamos completamente manchados con pasta de tomate y las calles se llenaron con salsa roja. Nos divertimos mucho y nos reímos bastante. Una hora después otro aviso señalaba el fin de la batalla de tomates. Fuimos al río del pueblo para poder lavarnos y quitarnos el tomate del cuerpo y de la ropa. Algunos de los propios habitantes muy amablemente nos ofrecieron una ducha con la manguera de su jardín y la ropa se secó rápidamente al sol.

Luego caminamos hacia el punto de reencuentro, donde encontramos a los demás estudiantes de Costa de Valencia. Ahí seguimos la fiesta con buena música, más bebidas y muy buen humor. Hacia el final de la tarde regresamos al lugar del almuerzo para recuperar las fuerzas – el sol y la agitación nos habían cansado. Comimos más bocadillos y bebidas frías y terminamos el día tranquilamente charlando sobre nuestras experiencias. Sobre las 6 de la tarde regresamos a Valencia; cansados pero muy contentos con la aventura que habíamos experimentado.