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El Español Coloquial en el aula ELE

El Español Coloquial en el aula ELE

Muchas veces el profesor de ELE tiene dudas a la hora de introducir palabras o aspectos del lenguaje coloquial o “de la calle” por miedo a quedar “poco profesional” o a que el alumno piense que se toma las clases como algo informal. Otras, puede temer caer en el terreno de lo irrespetuoso o lo ofensivo para el estudiante, ya que palabras malsonantes o humorísticas pueden herir los sentimientos del alumno. Finalmente, incluso todavía hay quien piensa que en el aula de español solo debe entrar lo “normativo”, “aceptado” y “estandarizado”.

Entonces, ¿debemos llevar a clase este “otro tipo de español”? Quizás en este punto deberíamos preguntarnos si se trata de una manifestación puntual o extendida en el día a día que puede encontrarse un estudiante. Y, evidentemente, sí: el español coloquial será uno de los primeros registros que un aprendiente de español oirá cuando baje del avión y coja un taxi o cuando esté sentado tomando un café y escuchando una conversación entre amigos. Intentar evitar, pues, por “viejos prejuicios” este aspecto del lenguaje es privar al estudiante de estar en contacto con una realidad extendida y a la que tarde o temprano se enfrentará; e incluso puede provocar una gran frustración en los alumnos si ven que tras cinco años de estudios no son capaces de entender algo tan corriente como “¡Ey, tío! Déjame pasta que no me llega para la birra.”

Por otro lado, el español coloquial no tiene por qué basarse per se solo en el “lenguaje malsonante”. Como vamos a ver a continuación, el español coloquial también se caracteriza por contener diferencias fónicas o pragmático-discursivas. Por eso tampoco vemos sentido el intentar evitar muestras coloquiales en aulas con alumnos más jóvenes.

Una vez aclarada la importancia de presentar esta, digamos, “variedad”, ¿cuándo y cómo podemos introducirla?

Lo primero de todo, es importante tener claro que español coloquial no significa español oral. El español coloquial es un registro con una serie de rasgos distintivos, pero no se trata solamente de español oral puesto que este puede no tener ninguna connotación coloquial, (pensemos, por ejemplo, en discursos académicos o en presentadores de informativos) Por otro lado, incluso podemos encontrar muestras de español coloquial en registros escritos como, por ejemplo, conversaciones en WhatsApp, blogs o incluso publicidad. Eso sí, debemos admitir que es en la expresión e interacción orales, donde el terreno es más propicio para que aparezca este registro.

De cualquier manera, el español coloquial se puede enseñar en varios ámbitos de la lengua y no sólo mediante la conversación. Así, se puede introducir y tratar en cualquiera de las facetas del idioma siempre y cuando sea pertinente. Es más importante la pertinencia de introducirlo que el ámbito en el que se trabaje.

No se trata, pues, de hacer clases “solo de español coloquial”, sino de introducirlo y tratarlo de manera progresiva y unido a los otros componentes de la clase que se estén tratando en el momento, mediante, por ejemplo, la focalización de rasgos propios de este registro en una actividad auditiva o visualización de algún fragmento audiovisual.

En cuanto a los niveles para su introducción, es importante que el alumno esté en contacto con el registro desde niveles bajos (incluso A1), pero será en los niveles B1, B2 donde se podrá, quizá, empezar a ver de modo más explícito y sobre todo a trabajar y practicar de un modo más consciente.

               Algunos de los rasgos distintivos de este registro que son susceptibles de trabajar en las clases podrían ser, por ejemplo:

  • A nivel fonético, aspectos como la pronunciación, el alargamiento fónico, la relajación, la caída o supresión de ciertos fonemas, la entonación…
  • A nivel morfosintáctico, la excesiva adición de prefijos y sufijos, el uso de marcadores de marcadores específicos del tipo “total, en fin…”, la predilección por construcciones sencillas e incluso invirtiendo la estructura habitual…
  • A nivel léxico-semántico, la preferencia de determinadas palabras marcadas por el rasgo + coloquial, como “currar” (por trabajar), “molar” (por gustar)…, el empleo de modismos o refranes…
  • A nivel pragmático-discursivo, el uso de rasgos suprasegmentales exagerados para denotar significados, la interpretación o imitación, la gesticulación…

En cuanto las actividades que podemos llevar a cabo, aunque la lista podría ser infinita, podemos recomendar trabajar con:

  • Actividades de audio o vídeo donde, a partir de recursos multimedia podamos analizar, observar y comprender cómo es el lenguaje coloquial en diversas situaciones cotidianas.
  • La realización de role-plays donde se anime al alumno a comportarse como se podría comportar fuera del aula, en una situación corriente.
  • Lectura de diálogos comparativos en registro formal y coloquial para ver las semejanzas y diferencia entre ambos.
  • Y un largo etc.

 

Si os interesa profundizar en este tema, aquí os dejamos algunos recursos en Internet desde donde podréis extraer más ideas y recursos:

 

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