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La pronunciación en el aula de ELE.

La pronunciación en el aula de ELE.

¿Qué aspectos trabajar y cómo hacerlo?

 

En la entrada anterior vimos el porqué de trabajar la pronunciación dentro de nuestras clases de español a pesar de las muchos mitos y falsas creencias que existían (y todavía existen) sobre este componente.

Hoy queremos incidir en cuáles son, a nuestro entender, aquellos aspectos fónicos más problemáticos para los estudiantes extranjeros –que, obviamente, se ampliarán o reducirán según su L1- y, por lo tanto, en los que tendremos que poner más atención.

 

Aquí tenemos el verdadero talón de Aquiles la mayoría de estudiantes:

 

Problemas específicos del sistema español

/x/

<ja,jo,ju>

<ge,gi>

Velar fricativa sorda

/g/

<ga,go,gu>

<gue,gui>

Velar oclusiva sonora

/ʎ/

<ll>

Palatal lateral aproximante

/ʝ/

<y>

<hi>

Palatal central fricativa sonora

/s/

<s>

Alveolar fricativa sorda

/θ/

<ce,ci>

<za,zo,zu>

Interdental fricativa sorda

/r/

<rr>

Vibrante múltiple

/ɾ/

<r>

Vibrante simple

/ʧ/

<ch>

Palatal africada sorda

 
 

 

Así pues, nos encontramos:

  • Nuevos sonidos que pueden no existir en la lengua de los estudiantes.
  • Sonidos que presentan diferente distribución.
  • Sonidos que presentan diferente realización fónica en español y en la lengua materna del alumno

 

 

¿Cómo podemos trabajar para mejorar estos aspectos en nuestros estudiantes?

 

En primer lugar, tenemos que tener en cuenta los siguientes aspectos:

 

  1. Antes de empezar tenemos que asegurarnos que los alumnos pueden discriminar los nuevos sonidos, es decir, empezaremos por el control de la audición. Muchas personas sordas de nacimiento tienen dificultades para hablar precisamente porque no tienen un patrón auditivo al que puedan acudir. Lo mismo pasará con nuestros estudiantes; si no pueden diferenciar un sonido de otro, tampoco serán capaces de producirlos.
  • Un truco que muchos profesores de español utilizan con, por ejemplo, estudiantes asiáticos con dificultades entre <l> y <r> en niveles iniciales es establecer un código con ellos cuando se realizan ejercicios de expresión. El profesor, cada vez que aparece un fragmento significativo con estas grafías levantará un dedo (en caso de la <l>) o hará otro gesto (en el caso de que se trate de la <r>). De esta manera el estudiante irá asociando poco a poco las equivalencias de los nuevos sonidos con las grafías y focalizará su atención en ellas.
  • En Internet existen muchísimos materiales creados por logopedas para trabajar la discriminación auditiva en niños que pueden funcionar también para nuestras clases de español.

 

  1. A la hora de poner ejercicios o actividades, además de la simple práctica de sonidos tendremos que tener en cuenta la fonética combinatoria o, lo que es lo mismo, cómo unos sonidos influyen en otros. Esto determinará el tipo de actividades que llevemos a clase en casos como los siguientes:
  • Si en un estadio inicial del aprendizaje queremos trabajar sobre el sonido /r/ intentaremos proponer combinaciones como “arre” o “erre”, mejor que “orro” o “urru”, pues la combinación con vocales posteriores ayudará al estudiante a atrasar la lengua y facilitar la realización de la vibrante.
  • Por otro lado, a medida que el alumno progrese en su dominio lingüístico intentaremos trabajar con segmentos cada vez más amplios (como mínimo palabras y preferiblemente segmentos oracionales), para ir mostrando diferentes variantes fónicas dependiendo de la posición y los sonidos anteriores y posteriores. Un ejemplo podría ser la realización de la <n>:

 

  • [n]
  • [n̪]
  • [ŋ]
  • [m]
  • [ɱ]
  • no
  • entiendes
  • tango
  • En paz
  • énfasis

 

  1. Un aspecto al que no se le ha dado, desde nuestro punto de vista, demasiada importancia, pero también tenemos que trabajar es la tensión articulatoria española, ya que puede diferir de otras lenguas. Por ejemplo, en español, a diferencia de otras lenguas como el inglés, las letras b/d/g tienen una realización fónica aproximante (la salida del aire no es tan turbulenta) y no fricativa.

 

  • Cuando trabajamos con alumnos anglófonos, para controlar este aspecto les proponemos que coloquen la palma de su mano delante de la boca para comprobar si sale, o no, aire. Si tenemos los recursos (y estamos seguros de que no podemos provocar un incendio) podemos encender una vela y proponer a los alumnos intentar pronunciar diferentes palabras con “b/d/g” cerca de ella, intentando que la llama no se mueva apenas por la salida del aire.

 

  1. Los aspectos suprasegmentales, como la entonación, también es un componente fónico que debemos trabajar. Hay que pensar, por ejemplo, que el español a diferencia de otras lenguas, no cuenta con verbos auxiliares para las preguntas, de ahí que la realización de la curva melódica en segmentos como: “Eres español” y “¿Eres español?” sea tan importante para diferenciar significados. Por otro lado, la entonación –relacionado con aspectos pragmáticos- puede cambiar el sentido entero de las construcciones en frases como: “¡Que coma todo lo que quiera!”, que puede significar según los diferentes patrones tanto un deseo como una reprobación.

 

  1. Pronunciación diferencial. El español es una lengua muy amplia y, como sabemos, presenta diferentes realizaciones y patrones dependiendo del país en el que se habla. ¿Cuál enseñar entonces? Evidentemente nuestra variedad. No tiene ningún sentido “intentar imitar” una pronunciación diferente a la nuestra. Tampoco existe una pronunciación “mejor” que otra, a pesar de que por desgracia todavía hay gente que tiene prejuicios lingüísticos absurdos. La variedad del español supone una riqueza que engrandece nuestra lengua. Hoy en día disponemos un montón de material on-line (audios, vídeos, recortes, etc.) que permitirán a los estudiantes conocer el español de diferentes países para acostumbrarse a diferentes producciones. Nos gusta especialmente la idea de la aplicación de Localingual, un “atlas” mundial de acentos, idiomas y dialectos de todo el mundo.

 

¿Desde qué nivel y cuánto tiempo le dedico a la pronunciación en mis clases?

Bien, es una pregunta difícil que va a depender de factores como la lengua de origen de tus estudiantes (evidentemente habrá lenguas más alejadas del español que requerirán más trabajo), la carga lectiva del curso y el nivel de los estudiantes. Sin embargo, nuestras recomendaciones generales son:

 

  1. La pronunciación debería trabajarse poco a poco desde los primeros niveles, aunque su corrección y trabajo explícito debería realizarse en ejercicios creados ad hoc o, por lo menos, intentar evitar cortar una interacción comunicativa solo para corregir un aspecto fónico (eso sí, a no ser que el error de pronunciación difiera claramente en la transmisión de significado).

Los que ya tenemos unos cuantos años, todavía recordamos nuestras primeras clases de francés en las que los profesores nos interrumpían y exigían una pronunciación perfecta desde las primeras clases. El resultado era la frustración, el miedo a “intervenir” y el abandono del estudio de esa lengua en gran parte del alumnado

Con esto no queremos decir que dejemos que el estudiante pronuncie como “le dé la gana”; recalcamos que habrá que corregir dependiendo del nivel y de cómo interfiera en la transmisión del significado (el fin último del estudio de una lengua) y, siempre que sea posible, intentando no cortar las intervenciones de los estudiantes y usando técnicas como la repetición de la palabra “mal pronunciada”, la cara de extrañeza, anotarla en la pizarra para trabajarla más tarde, etc.

 

  1. Los aspectos que trabajemos hoy, deberían repetirse y reforzarse de manera cíclica, es decir, retomándoles en sucesivas sesiones variando los contextos y los materiales. Esto es como los entrenamientos en los deportes, cuanto más lo hagamos más destreza adquiriremos, eso sí, deberemos intentar variar las actividades para que no se vuelva algo monótono y repetitivo.

 

  1. El trabajo debería producirse de manera dosificada; no es para nada recomendable dedicar una clase entera a tratar la pronunciación, sino que debería ser una parte más de los contenidos de la sesión y debería estar siempre integrada con el resto de los componentes de la unidad, y no tratarla de manera desligada.

 

  1. La práctica en clase debe ser constante, pero también debería formar parte del trabajo individual (“deberes”) como el resto de contenidos. La lectura en voz alta en casa, las grabaciones de los estudiantes y el envío de los archivos al profesor, etc., deberían ser tareas que el profesor mandara como refuerzo de manera habitual.

 

 

¿De qué recursos y actividades dispongo?

Hoy en día, gracias a Internet, no tenemos ninguna excusa para encontrar materiales y actividades realmente atractivos y pertinentes para trabajar la pronunciación.

Aquí tienes solo un pequeño listado con los recursos y algunas actividades que podemos implementar:

  • Descripciones, dibujos, vídeos o fotografías del aparato fonador. Existe mucho material en internet para que el alumno aprenda a posicionar la lengua. Nos parece especialmente interesante la app de la universidad de Iowa: “Sounds of Speech”. Tiene un coste de 3,99 euros pero vale la pena por la gran cantidad de vídeos y recursos que ofrece.
  • Si tenemos la oportunidad es interesante utilizar un espejo con los estudiantes para poder verse y ver la posición de la boca y lengua para fijarse en la realización de los sonidos.
  • Grabaciones. Muchas veces los alumnos no se dan cuenta de cómo están transmitiendo el mensaje pues están más concentrados en lo que quieren decir. Una buena idea es grabar una parte de la conversación para que puedan fijarse en los errores cometidos.
  • Manuales especializados. La editorial Anaya tiene una colección especializada para practicar la fonética de acuerdo al nivel del estudiante.
  • Juegos. Enseñar fonética no debe ser algo aburrido. Con un poco de imaginación podemos llevar a cabo muchos juegos como, por ejemplo:
    • El Bingo de la pronunciación.
    • El juego de las “adivinanzas”, en el que por parejas un alumno deberá susurrar desde lejos al compañero una palabra que contenga sonidos que interesen trabajar para focalizar en la pronunciación de la boca.
    • “Dramatizaciones” en la lectura de textos; podemos asignar a cada alumno un “sentimiento” (ironía, amor, enfado…) y que lea un fragmento de acuerdo a ese sentimiento para que el resto de la clase intente adivinarlo; practicando así la entonación.
    • Y un larguísimo etcétera. Aquí tienes un documento de ProfeDeELE con más ideas lúdicas de explotación.

 

Como habéis podido comprobar las posibilidades y recursos son amplios y variados, así que no hay ninguna excusa para incorporar de ahora en adelante la pronunciación en nuestras clases y devolverle el lugar que se merece.

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