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Lecturas graduadas en español

Lecturas graduadas en español

Lecturas graduadas en español

 

Una de los mejores recursos para aprender y mejorar en un idioma extranjero es la lectura, pues gracias a ella podemos, entre otras muchas cosas, ampliar nuestro léxico, reforzar la ortografía y la gramática o mejorar el aspecto discursivo de nuestros textos escritos. Además, si conseguimos conectar con nuestros alumnos y buscar historias cercanas a sus intereses que les motiven y sean de su agrado, haremos el aprendizaje más significativo y, por tanto, más provechoso.

Así, nuestro papel como profesores será, por una parte, elegir un input adecuado para nuestra clase y, por otro, preparar a nuestros alumnos para la lectura, en el sentido de enseñarles a “cómo leer” para evitar que estos pudieran sentirse abrumados por la enorme cantidad de léxico nuevo, reglas gramaticales complejas, modismos o metáforas, etc., que los textos pudieran contener. Si no realizamos previamente estas tareas, corremos el riesgo de que los estudiantes sientan estas actividades como una carga y no conseguiremos los efectos deseados.

En cuanto al contenido, los profesores podemos recurrir a textos artificiales (creados ad hoc para aprender un idioma a través de ellos) y textos reales, más extensos y complejos y que muchas veces incorporan vocabulario especializado de un tema, época o lugar que, sin embargo, puede resultar de nuestro total interés.

Entre medio de estas dos tipologías se encuentran las lecturas graduadas, un material altamente recomendable especialmente cuando nuestros alumnos cuentan con un nivel de entre A1 y B2. Estas producciones cuentan con el aspecto de “real”, en el sentido de que son historias al uso, como leeríamos cualquier producción en nuestra L1, pero, sin embargo, están escritos por profesionales que utilizan un estilo y unas estructuras asequibles dependiendo del nivel.

Además, lo bueno de este tipo de materiales es que la mayoría dispone de actividades intercaladas entre los capítulos del libro, glosarios o incluso grabaciones MP3 para ampliar el contenido. Muchas de ellas también cuentan con ilustraciones relacionadas con la lectura, que sirven para clarificar significados y glosas o explicaciones que sirven para clarificar los elementos de civilización y cultura que pudieran estar presentes en la obra.

La mayoría de las editoriales disponen de colecciones muy buenas e interesantes, de diferente temática y pensadas para público distinto (niños, jóvenes y adultos). Podéis echar un vistazo a los siguientes links:

 

Además, el Instituto Cervantes, en su Centro Virtual, también ofrece lecturas graduadas acompañadas de elementos de apoyo a la comprensión, como ilustraciones y glosarios, así como un conjunto de actividades sobre los contenidos lingüísticos y culturales que aparecen en las lecturas. Es una muy buena forma de empezar a trabajar la lectura en nuestras clases, pues todo este material es gratuito y de fácil acceso.

Como vemos, son muchas las opciones que tenemos para elegir. Una vez seleccionado el material en virtud de las características de nuestro alumnado solo tendremos que pensar la manera en la que vamos a trabajar estas lecturas en nuestras clases.

Aunque el “cómo” dependerá del tipo de curso (extensivo, de corta duración, dentro de un contexto reglado, etc.) y la tipología de alumnado (escolares, adultos, en contexto de inmigración, etc.), en general podemos decir que nuestro trabajo será el de fortalecer (o implementar) el hábito lector proponiendo al alumnado diferentes formas de trabajar las obras con el fin de responder a todas sus expectativas y a las diferentes formas de aprendizaje.

Algunas de las técnicas que podemos usar serán:

  1. Lectura global: los estudiantes deberán leer con rapidez el texto escrito, fijándose en elementos periféricos como ilustraciones, distribución o tipología del mismo, etc. y de ahí conseguir tener una idea general sobre su contenido. Este tipo de lectura conlleva la deducción del tema a partir de los elementos visuales y la distribución de los capítulos y ayuda a generar hipótesis de prelectura que facilitarán lecturas posteriores.
  2. Lectura de reconocimiento. En ella el alumno determina el tema principal. Esta lectura puede realizarse de forma individual. Durante la lectura de reconocimiento, el alumno/lector debe habituarse a inferir el significado gracias al contexto ya que ello contribuye a la comprensión eficiente del texto y al fortalecimiento del hábito lector. Esta lectura ayuda a inferir significados gracias al contexto o a la disposición de los elementos en la frase.
  3. Lectura en detalle. Para que el alumno comprenda con exactitud todo el contenido del texto, trabaje los términos que no conoce y las estructuras nuevas y memorice lo que ha aprendido. Esta lectura puede realizarse en el aula con la ayuda del profesor y del resto del grupo, una vez aplicadas técnicas de prelectura como pudieran ser los anteriores. Esta lectura suele ir acompañada de ejercicios de comprensión, preguntas guiadas para comprobar la asimilación, etc.
  4. Lectura de recreación. En ella el alumno disfruta leyendo y entendiendo la historia. Una vez que se adquieren en el aula los mecanismos para realizar una lectura comprensiva y gratificante, el alumno puede ponerlos en práctica a lo largo de toda su vida consiguiendo mejorar y ampliar sus conocimientos de forma general.

En cuanto al número de sesiones o la duración de las mismas para poder dedicarle a las actividades de lectura, también dependerá del curso y el programa que tengamos que impartir. En cursos extensivos o anuales, se puede dedicar una parte de una sesión a la semana a trabajar este componente, haciendo, por ejemplo, que los alumnos preparen algún capítulo o fragmento en casa para después trabajar en el aula. Otra idea sería crear al trimestre algún proyecto de lectura en el que la clase participara de manera más intensiva. Incluso la lectura de una obra podría ser contenido de evaluación, para darle más protagonismo al papel de la lectura en nuestras sesiones.

Técnicas, métodos e ideas hay, pues, muchísimas, por lo que no tenemos excusa para no trabajar esta actividad comunicativa de la lengua en nuestras clases. No queremos terminar esta entrada sin recordar y reforzar, de nuevo, la importancia de la lectura en el aprendizaje de lenguas extranjeras respondiendo a la pregunta: “¿Por qué leer?”

  1. La lectura nos facilita la expansión de nuestro vocabulario pasivo (el que podemos comprender), que será la base de nuestro futuro vocabulario activo (el que usamos al hablar y escribir)
  2. Leer significa poder practicar la lengua en un contexto. De hecho, el nuevo vocabulario aparecerá siempre rodeado de otras palabras e ideas. Está comprobado que aprender léxico de una manera contextual siempre es mucho más eficaz que intentar memorizar listas de palabras inconexas y sin relación.
  3. Leer nos ayuda a mejorar la ortografía y la gramática pues podemos reconocer cómo se escriben las palabras y permite aprender de manera casi inconsciente.
  4. Ayuda a desarrollar estrategias de compensación como la deducción de significados por los elementos periféricos, su propia morfología, etc. Así, estaremos creando estudiantes independientes y entrenándolos para superar futuros vacíos de información que podrían surgir en la L2.
  5. La lectura puede convertirse en un elemento motivacional para continuar el aprendizaje del idioma si logramos dar con obras que conecten con los intereses de nuestros estudiantes.
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